martes, 4 de octubre de 2011

Esto no es un título.

Tiéntame hacia dónde sólo tú puedes hacerlo,  a lo incorrecto. Devora mis ideas con la simplicidad que devoras mi alma; cásate con mis premisas huecas y luego enciéndelas en llamas, escribe con las cenizas en mi piel. Hazme sentir que el otro lado del sol está en tu interior. Desgarra mis músculos tensos. Luego hazme café y envíame a dormir con tu recuerdo en la yema de mi anular.

Tú que levitas entre nosotros. Que te vistes con estrellas. Aquella que eres cuando te señalan, eres la dosis de melaza ácida que necesita el estéril corazón. Juguemos a que yo soy el pueril intento de capturarte, a que tú eres aquel espacio que llamo mente. Quiero llamarte como llamo al humo, quiero sentirte como siento al calor, adentrarme en tus fríos y ser uno de tus temores.

Yo no te conocí. Tú penetraste, llegaste, barriste, atacaste, azotaste, usaste, te fuiste. Ligera e inexacta, debí escoger la fotografía, dura más que tu presencia, como dice la canción. Tú no eres mujer, no tienes nombre, eres una fuerza, que controla, que se siente, que se vive, que se transforma; no mueres.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Reflexiones políticas ligeras.

Hay temas de los que uno no quiere hablar. Yo por ejemplo, nunca quiero hablar de religión, es quizá por el afán evangelizador de muchas personas. Mi segundo tema es la política, cada quien tiene una perspectiva diferente de cómo solucionar las cosas. Aparentemente esos temas ahondan tanto en la subjetividad de las personas que provocan discusiones candentes.

Hoy, quiero tocar uno de esos dos temas, bajo la advertencia de que es tan sólo mi opinión; que espero no herir susceptibilidades alborotadas y ansiosas de debate. Es quizá porque es el tema que está en la agenda de todos y a la vez de ninguno. Tema que se diluye día a día en la memoria de las personas del común, convertidas en datos estadísticos y objetivos publicitarios segmentados al azar. Les voy a hablar de política.

Empiezo diciéndoles que me referiré a la política local y que este tema me tiene hastiado. Muchas personas que tienen cierta  relación con el ámbito académico han acuñado en repetidas oportunidades la frase: "Cartagena se merece algo mejor; un líder de verdad"; yo no lo creo así.

Más que por un afán apocalíptico propio de la juventud irreverente, como han catalogado mi opinión. Es porque Cartagena ha parido y formado sus líderes con su devenir. Si bien un líder, según la RAE, es una "persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora."; nuestra ciudad se ha esmerado por escoger a los peores, dejando que prime la politiquería, el clientelismo y en últimas el populismo. 

¿Sabe usted cuántas veces Nicolás Curi fue alcalde de la ciudad? Si no es así, investigue, abra un buscador y cuando encuentre la cifra trate de concebir cómo un hombre que ha demostrado ser un líder de la peor calaña, pudo ser elegido un número tan abultado de ocasiones. Recuerdo cuando aún estaba en el colegio, unos hombres citaron a todos los estudiantes en el coliseo e hicieron una presentación sobre el "nuevo sistema de transporte masivo"; el cual para el año 2007, estaría listo el primer trayecto, alcancé a soñar con recorrer toda la ciudad en uno de esos buses azules que reposaban en la zona industrial de la ciudad. Hoy 4 años más tarde, sólo recorro las calles llenas de escombro y declives de la ciudad.

Vivimos en una ciudad donde se aprovechan de nuestras necesidades porque así lo permitimos. Los políticos,  rodeados de personas que buscan vaciar sus bolsillos, reafirman su intención de vaciar las arcas de la ciudad. Perpetuando de esta manera un círculo vicioso, donde sólo aquellos auto-denominados astutos, sacrifican el dinero público que debería ser destinado para educación, desarrollo social y tantas cosas más.

Somos un pueblo que se queja taponando la única arteria vial del distrito, destruyendo las obras inconclusas de la ciudad; vandalismo, que se justifica por casi cualquier cosa; como un rumor, por ejemplo. Inclusive, hemos convertido la seguridad en cuestión de percepción, siendo el caso, yo percibo que ahora por rapar un morral de tu espalda te arrastran por las calles de la ciudad.

Campañas mal diseñadas, cimentadas en largos tirajes de afiches de mala calidad, pendones, jingles ruidosos en ritmos de vallenato o champeta; porque "es lo que le gusta a la gente". Nos hemos convertido en un pueblo que ya no pide el pan, sólo el circo. Me da lástima ver a mi ciudad empapelada, en medio de pancartas y pasacalles de desconocidos cuyas caras se asoman sólo en estas épocas; no reconozco a ninguno, nadie se me hace familiar, son desconocidos para mí. Algunos sólo prestan sus voces para anuncios radiales de un minuto de duración, algunos medios de comunicación los usan a ellos para generar tráfico en sus páginas web o aumentar su público.

Quizá hayan personas que quieran sacudirse de todo esto. Políticos que realmente busquen un cambio, pero ellos seguirán siendo invisibles, porque nosotros los desaparecemos. ¿Qué líder merece Cartagena cuando somos precisamente sus habitantes quienes reconocemos y celebramos esto? ¿Qué líder merece una ciudad que reclama casi cualquier cosa, menos la educación?  Cartagena nunca se merecerá nada mientras no cambie su forma de concebir la política.

Yo, un invisible más, saturado de lo mismo siempre, te llamo a ti lector invisible; que compartes mi cansancio, que quieres algo mejor, que sabes que Cartagena es algo más que su cinturón de pobreza y la India Catalina, a la que cambian de pedestal y de sitio (como si a alguno de los jóvenes y niños de estratos bajos y medios, les enseñaran en el colegio quién es esa India de senos rígidos.); para que cambies tu mentalidad, que trates día a día, no sólo durante las campañas, de convertir a esta ciudad en el paraíso terrenal que se muestra en los folletos de turismo.

jueves, 25 de agosto de 2011

La melancolía no existe...

Hay días grises en los que mi ortografía no es perfecta. Hay días en los que me cuestiono sobre todo y pierdo la esperanza. Ciertos días tienen ciertos ocasos, tono naranja con manzana; que me muelen las entrañas, detienen el mundo y me hacen caer en mis rodillas. Días en que mis rodillas se reconocen y asumen como frágiles; días en los que caigo de bruces al polvo en la medida que el sol desciende. Veinticuatro horas por las que mis párrafos serán largos. 

Mañanas en las que en el techo aterrizan todos las tormentas, acariciando mis penas, inmolándose, gota a gota; recordándome las penurias de la condición humana. Mañanas en las que el café me da sueño y los buenos días no saben tan bien. Mañanas en las que todas las nubes cercan al sol, aprisionándole evitan que presencie lo que está ocasionando. De amaneceres a medios días, tratan de sobrevivir los latidos de mi corazón de papel reciclado.  

Existen tardes cálidas en las que mis tenis no son tan cómodos. Tardes en las que mis cristalizados ojos, se convierten en el periscopio de mi acorazada existencia. Tardes en las que el té es sólo una mezcla amarga de agua y alguna hierba extraña y shamanica; cúspides con decesos, esas son las tardes. Tardes de Shirley Bassey y Ela fitzgelard. De esas tardes que desean ser noches de vodka. 

Noches en las que las estrellas se ocultan detrás de los faros. Noches en las que la luna quiere brillar por sí misma, un inútil intento por llamar la atención. Noches en las que mis palabras son corrientes de aire frío por la espalda. Noches que confunden Reeperbahn con Traflagar Square. Noches que no despertarán en la madrugada para fumar el último cigarrillo de la caja. Noches que no morirán siendo mañanas, que nunca dejarán de ser madrugadas repentinas. 

Hay días que nunca dejarán de ser nefastos. Días en los que el camino no se ve tan claro y los sueños aparentan ser lejanos. Días en los que las melodías no pueden arrastrarte más allá de tus narices, días que se contradicen a sí mismos convirtiéndose en noches. Días que no se olvidan, que son como las alegrías, efímeros pero memorables. Días que son la vida misma. 

domingo, 7 de agosto de 2011

Petición del no-enamorado

Dime qué piensas, porque hoy tengo un escrito sin premisa. Quisiera saber qué pasa por tu mente, porque fulminaste mis pensamientos con los tuyos. Es que yo no puedo ver a través de ti como lo desearía, tú me atraviesas a mi. Al menos explícame con un dibujo hecho por tus dedos en mi piel, dame la luz que necesito para ser el lienzo que me haces querer ser.

Entrar a tu mente y sentir el latido de tu cerebro, que me incita a desearte en cada pulso. Sentirme dentro de ti como si fuera uno de tus sueños, vivir en alguno de ellos, quizá para siempre. Contigo nacer - vivir - morir son sinónimos, porque nunca me haz hecho sentir más vivo cuando caigo en cuenta de que muero por ti. Es quizá aún pronto para mi confesión, pero recuerda que a veces las mañanas tienen una espesa niebla que las recubre; que también ansío ver llegar la noche a tu lado. Confieso que la maduración de este sentimiento se da también en las madrugadas, cuando duermes.

No he podido imaginarte ni una sola vez, es por eso que te miro constantemente, procurando encadenar tu rostro a mi mente; desposar mi imaginación con tu realidad. Que corran juntas y hacer de lo existente una fantasía interminable. Encuentro tu voz en mis pensamientos, pero no la reconozco; como no puedo identificar intensión alguna en ti.

Eres como esos colores que aparecen sólo con los ojos cerrados después de mirar directamente al sol; sé de dónde provienes, pero no sé cuánto durará esta vez el efecto de tu presencia en mi interior. A pesar de ello, siempre te dejo flotar como una nube en mí, con la esperanza de condensarte y verter en mi corazón tu esencia;  solidifcarte al rededor de mis aurículas y que tus sentimientos sean el escudo contra mis temores. 

No saber qué sientes asusta; con un miedo placentero: imperceptible, pero sensible a ti.

jueves, 4 de agosto de 2011

Técnicas para abrir una caja fuerte.

Para conocer a alguien no tienes que hablarle. Necesitas sentarte en silencio a verlo fijamente a los ojos y este completará la historia de tu vida con las barreras de su imaginación. Funciona de esta manera: los ojos, espejo del alma, son la parte más delicada; nuestro órgano más honesto, de ahí la necesidad de protegerlo así sea con complejas historias sobre los valientes curiosos que los miran. Inútil e irrelevante cuando se trata de este sutil arte que a continuación describiré.

Miras a alguien a los ojos y este siente que te inmiscuyes en su alma, escarbas con sus recuerdos y desnudas su espíritu; con mucha razón porque: si te centras en el iris, lentamente notarás que su rostro desaparece y será el, quien te cuente la historia de esa persona; podrás encontrarte con vidas fascinantes y sumergirte en la piscina del sub-consciente, hallar aquel lienzo que abandonó el niño interno, pintado a medias pero con pasión, con aquella magia que sólo sale del interior humano.

Si después de esta experiencia quieres aventurarte más en el otro, dale un vistazo a su pupila. En la pupila están nuestros sueños, lo que queremos ser; esta nos contará con sumo detalle lo que nuestro interlocutor quiere; debo advertir que podríamos encontrarnos con personas que desean saltar por la ventana, morir en llamas o tomarse fotos con su perro en una cámara hiperbárica. Esta se contraerá o se dilatará en función de las ganas que tenga el sujeto de realizar su sueño.

Finalmente, tenemos a la cornea, invisible y misteriosa. Casi in-detectable, esta guarda nuestros secretos. Si puedes concentrarte lo suficiente para verla, encontrarás a tu observado, desnudo ante ti. Legible, pero a la vez apasionante y divertido, casi tanto como tu libro favorito.

Sin embargo, todo esto puede desaparecer en sutil pestañeo. Efímero como todo buen momento; es necesario tener la concentración precisa para descifrar y desbaratar al otro. Esculcar sus ojos y volver a tus pensamientos como si dieras un paseo en su cuerpo.

sábado, 2 de julio de 2011

Inspiración, ingenio y creatividad.

Encontrarse en un vacío de inspiración no es sencillo. Se dice que las patadas más fuertes se dan un instante antes de ahogarse; cuando uno empieza a visualizar la puerta que divide la vida de la muerte, justo ahí, hay un clímax inexplicable, una energía poderosa de muy fácil y rápida combustión. Ningún otro ejemplo nunca podrá explicar mejor lo voluble del ingenio y la extraña excitación que produce la creatividad.

Se tiene o no se tiene; hablar de la inspiración es como hablar de Dios, es algo que aparentemente nos rodea, mágica, brillante, pero imperceptible. Puedes dejar que defina toda tu vida, o todas tus desgracias. Mientras que de ingenio y creatividad se habla como si estuviéramos asistiendo a un funeral, a todos nos hacen falta, todos los necesitamos y daríamos cualquier cosa por tenerlos de vuelta. Hemos glorificado esas palabras, tanto hasta el punto de convertirlas en sinónimo de fama, dinero y poder.

El fracaso es inminente, despreciado y temido. En el pequeño relato de nuestras existencias, fracaso es igual muerte. Si alguna vez  te haz sentido fracasado sabes qué es sentir ese cosquilleo escalando tímidamente tu columna vertebral, apoderándose de cada uno de tus folículos, entregándole pleno control de ti a tu sangre, que corre rápidamente por tus venas, congestionandolas y abultandolas. Convirtiéndote, en una bomba sudorosa que encara a la derrota.

Sin embargo,  pienso que deberíamos abrazarnos al fracaso; así como muchos le rinden culto a la muerte con la frase "lo único seguro es la tumba" como su única oración. Deberíamos glorificar el fracaso en vez de la creatividad y la inspiración; porque el profundo temor que le confiamos es más combustible que cualquier musa, o cocktail de pulsos electromagnéticos en nuestros cerebros.

Hoy declaro que confío más en mis fracasos que en mis logros; ciertamente, porque son más las veces que he sido reducido a sangre, sudor y cosquilleo que glorificado y enaltecido por aquellas tres mitificadas palabras.

sábado, 4 de junio de 2011

Vida fragmentada.

Contra un muro hemos chocado. Esquirlas, sangre y lagrimas; a eso hemos sido reducidos. No importa cuánto jadeemos, gritemos y nos desgarremos. Nunca podremos rehacernos.

Ella estaba allí y yo aquí. Parece tan obvio ahora, pero entonces era imposible distinguir. Éramos dos en el pasto jugando a ser uno. Nuestra humanidad era como una pintura indescifrable: hermosa, pero incomprensible. Su piel era miel cubriendo todo mi cuerpo: con su espesor bañaba mi vida de brillo; de aquellos errores cuyas consecuencias valen la pena.

Ni todas las risas, ni todos los cigarrillos mentolados podrán salvarnos. Sus ojos posándose en sus heridas, nuestra vida escapando por las cañerías, sus manos perdidas en la lluvia que lava su boca llena de maldiciones. Su cartera, a unos metros. Una botella de vodka, aquella ilustración de la virgen, su celular, billetes húmedos, dos tampones y tres condones. Esparcidos sobre el pavimento, son estrellas en el firmamento del dolor.

Aquí termina esta pieza. Las luces estroboscópicas, el maquillaje de retirado fácil, los tragos sabor arco-iris; hoy son permutadas por el reflejo de las luces en los charcos de agua, el humo que ennegrece nuestros rostros y el sabor metálico de la sangre en su paladar. A donde vamos sólo habrá silencio.

Dicen que la escucha es el último sentido en esfumarse en un cadáver; es quizá así como se pagan los pecados cometidos. Escuchando todo sin poder reaccionar. Contemplando con sonidos tu propia muerte. Tendido junto a ella, en silencio, extiendo mi mano para palpar su existencia antes de que se desvanezca con la madrugada.

Tan obstinada nunca pude detenerla. Siempre presumía sobre lo bien que manejaba a altas velocidades. El último trago siempre es el más amargo, el más doloroso. Sin reflexionar sobre ello, vivimos nuestras vidas como en una autopista; aceleramos sin saber siquiera a dónde nos dirigimos. Hoy con el cosquilleo que recorre mi nuca me doy cuenta de ello. Es una lástima que este freno a nuestro ímpetu sea definitivo.

domingo, 15 de mayo de 2011

Dramaturgia de bajo presupuesto.

Música con voces agudas y letras indescifrables, una copia de la revista Rolling Stone de 1981, manchas en la pared blanca, una colchoneta y tres cajas de vino tinto. Acostado con la frente en el piso y las piernas extendidas formando un triángulo con la pared lo hallé, con un puñado de cobijas en la boca y moscas cerca sus ojos. Gritaba: salúdenme monstruos del infierno. 


Lo tomé con mis manos. agarré su cráneo como si se tratara de una cabeza sin cuerpo, miré directamente a sus ojos y sus pupilas perdidas en un mar de agua salada. Una jeringa sobre la mesa, una cuchara y una vela apunto de apagarse. Lo abracé a mi y le dije todo estará bien imbécil. 


Sus sueños de rockstar, su voz, los momentos y las risas. Todos pasaban como un ferrocarril por mi mente; no comprendía qué sucedía. Ahora me explico a qué se refieren cuando dicen 'la vida cambia en un parpadeo'. Mi hermano, con quien compartía entrañas, pasiones y peleas, ahora se le escapa la vida en cada suspiro. Es como si su alma no pudiera sostener más su cuerpo. 


Pareciese que ayer eran los días en los que jugábamos en  la lluvia, con las gotas cayendo desde los árboles, con los gatos y los perros. Es hoy cuando tomo su cuerpo frágil, adornado con la misma mirada de mamá y lo meto en la ducha para que el agua le devuelva la lucidez que tenía cuando me explicaba matemáticas en el balcón.


Se fue persiguiendo una vida que nos vende la televisión y la radio. Mentiras que aceptamos como verdades y pretendemos asimilar como normales. La promiscuidad, la sinestesia inducida y las vidas absurdas; todo eso se fue su primera inyección de alucinógenos, lo que lo llevó con el corazón dilatado y las pupilas pequeñas a buscar esa burbuja de mentiras.  


Recuerdo aún la canción de The Velvet Underground, la ponía una y otra vez, orgulloso de tener el acetato; la tonada se escuchaba desde el callejón en las noches de neblina fría en las que no podía salir a jugar fútbol. Noches como esta, con una gran lluvia austral como la de Neruda. ¡Que sabores tan insípidos que a veces la vida nos da! ¿Quién diría que ahora se metería la canción por las venas? 


No habrá analogía que describa mi desespero y mi lástima. No habrá motivación que lo saque de este mundo. Cree ahora que la vida está pegada en el techo de su habitación, que sus tatuajes son medallas de guerra y que sus cicatrices se borrarán. Sigue siendo igual de ingenuo cuando dejó la casa por perseguir ésa vida que no existe. 


Lo saco de la ducha, frío y con los labios morados me dice que tiene sed, saco una botella de agua que llevaba en el morral y le doy a beber. Insisto en llevarlo a un médico, pero me dice que no. Nadie atenderá a un drogado, con la ropa sucia y sin dinero. Déjame aquí, he tenido peores que estas, si esto para ti es un infierno puedes irte, ahora aquí es mi paraíso. 


"Por mi se va a la ciudad doliente, por mi se ingresa en el dolor eterno, por mi se va con la perdida gente." - dijo-, cállate, le contesté, tu mente está tan perdida que ahora te crees una puerta. Rió, y empezó a toser, la expresión en su rostro cambió rápidamente, mientras se tocaba el pecho agonizante me dijo: Vete de aquí, abandona toda esperanza sobre mi. 


Murió asfixiado en su inmundicia y desesperado. Murió con la esperanza de conocer una vida diferente. Queriendo encontrar la felicidad a través de una inyección cada vez más larga. El asma que había sufrido durante la infancia; el médico fue muy preciso y contundente al decir que la heroína había generado cuadros de bronco-espasmo severo,  con el tiempo y su consumo se convirtió en un estrechamiento completo de las vías respiratorias y murió. 


Hoy frente a tu cadáver frío, me despido. Ojalá estés donde estés encuentres tu nube rosa y la luz final de la inspiración. 



viernes, 6 de mayo de 2011

Entrada Extra.

Existen personas que no olvidamos a las otras. Existen personas que dependen de otras, nunca me he preguntado el porqué. Parece tan sencillo de descifrar: Involucra un sujeto que gasta más tiempo del que debe en otro sujeto, ése otro sujeto o disfruta de ello o le repugna. Hoy me deleité viendo la mecánica de la dependencia.


Sintiéndome un documentalista de animales, observé todo el panorama al ritmo de Devendra Banhart. Es hermoso ver como un sujeto sale de su zona de comodidad para pensar y re pensar una frase que logre captar la atención de una dama. Sin embargo es muy triste ver uno que espera con una frase genérica conquistar una mujer en específico. 


Un escritor dijo una vez que el sexo es como un combate feliz entre los que se desean. Pienso que como buen combate, hay algunos que pagan por ver, inclusive por pelear. Los seres humanos hacemos muchas pericias antes de llegar a ese campo de batalla. Algunos sólo esperan que los gemidos, los rasguños, el sudor y el placer les caigan del cielo.  


¿Qué motiva a un hombre a ser facilista en ésos temas?  Por qué la necesidad de hacer las cosas más y más sencillas (ni hablar de artificiales).  Es fácil encontrar ídolos que cantan siempre sobre sexo y son adorados por hacer el camino más fácil a sus congéneres. Y es quizá más común encontrar personas que buscan batalla en todos lados, para siempre regresar a los mismos campos que alguna vez pisaron. 


Es así como todo el arte de la seducción pasa a ser una moda pasajera, maltrecha y mal diseñada. Lleno de lugares comunes y de personas que lejos de ser comunes citan frases de cajón; está plagado el camino de aquellos que se aventuran por la fantasía del cortejo. 


Mientras el sujeto que observaba en-finaba su  uñas para masacrar el idioma Español en la medida que escribía. Una mujer hastiada de los lugares comunes caminaba fuera de la página y se sentía ofendida por encontrarse con "lo mismo de siempre". Es así como se cambia al mundo. 


Sorprendido el sujeto sólo reúne el valor suficiente como para recoger sus palabras y arrojarse una vez más a la conquista; ¿Acaso Romeo reciclaba las palabras que le recitaba a Julieta? Ni hablar de la posible reacción que pudo haber tenido Helena de Troya si Paris le hubiese dicho "¿Y tienes novio?, ¿estudias o trabajas?". Quizá por lo originales ellos son recordados. 


Hay quienes prefieren el camino sencillo. Yo prefiero ser diferente. Más que por los beneficios, porque hay cierto placer morboso en ello.  

jueves, 5 de mayo de 2011

Ahora me da igual.

Hay ciertas personas que creemos tener siempre la razón. Lo digo porque pese a lo relajado que dicen algunos parezco, siempre me exalto con facilidad. Puesto que es como se dice por ahí, hay como tantas maneras de ver el mundo, tantas para iniciar una pelea. Quisiera cambiar éso, es sumamente molesto encontrar gente como yo en la calle. 


Lo reconozco, soy una de ésas personas que pretende arreglar el mundo con dos o tres palabras  medianamente redactadas. Hoy me dediqué a pensar un poco más en la individualidad de las personas; la gran mayoría de las veces que he peleado con una persona porque me ha hecho algo malo, resultaba siendo que yo ni siquiera era considerado en su existencia. Es decir, estaba peleando solo. 


Muchas veces dije: "odio a las personas que te sueltan un consejo a la primera oportunidad". Tristemente he descubierto recientemente que soy una de ésas personas que sueltan una crítica a la primera oportunidad. Descubrí que sufría por una humanidad de la cual no hacía parte.   


Cada persona es un mundo. ¿A mi qué me da derecho de aterrizar en ése mundo? ¿Una amistad? No sé el porqué, pero tengo la sensación de que la expresión 'me traicionó' es la que más viene acompañada de: 'Un amigo'. ¿Una relación padre e hijo? Según tengo entendido la finalidad de la reproducción es crear una vida independiente y no una extensión propia. 


Hace tiempo atrás abandoné la cruzada de entender al mundo, su naturaleza misma lo hace incomprensible. Hoy abandono la de cambiarlo, si algo comprendo ahora es que las personas no quieren ser cambiadas, ni corregidas. Éso de esparcir la semilla de la crítica me parece más trágico y patético que repartir consejos. 


Este es el manifiesto (mal redactado) de mi cambio. Junto el día de hoy la incomprensión con la despreocupación. No porque esté cansado de que no me escuchen, sino porque no quiero ser una de ésas personas que abren la boca sólo por el sonido que produce su eco en el vacío y tampoco quiero ser quien vaticine lo malo, lo bueno o lo catastrófico. Al fin y al cabo, la vida misma es buena, mala y catastrófica. 

miércoles, 27 de abril de 2011

Y es que no se trata de éso.

La pantalla está vacía. Y procedo a llenarla con una analogía predecible sobre qué tan vacía está mi vida; tratando de moverme en medio de aguas calmadas que me bañan, como una lluvia que desciende sobre el teclado. La naturaleza misma, que escribe a través de mis venas cercenadas. Como dice la frase: Hay tanta belleza en el mundo, que no sé si podré soportarla.


Y la vi allí, sentada, fuerte, tan humana, tan viva, tan muerta; como cualquier otra. Tan bella como un fénix que renace por quinta vez, como el verde del moho que crece detrás de las paredes. Casi puedo sentir sus células respirar desde donde está, ansiosas, desesperadas, muriendo vertiginosamente. Como las estrellas que se fulminan a medida que se fuma esos mentolados.


Verla fumar es como quedarme atorado en las vías del tren. No sé que será de mi si sigo estupefacto ante la columna de humo que se acerca. Es enfrentar a un tornado con tan sólo unos pantalones azules y una camisa negra. Se siente tan cálido, tan agresivo y repentino como si la muerte viniese a tocar la puerta, pero del vecino.


Un pasajero, éso soy, en un viaje de soya y vegetales mal preparados. Escondido detrás de sus arranques paranoicos, alimentado de su faceta de madre. Prefiero vestirme de sombra y pasearme por sus ojos, ser fugaz como la niebla de la noche, que nadie mira, pero que jugando a ser piedra se mueve hasta que llega su partida. Rebotar en la saliva de sus parpados y hacerla dormir a mi lado.


Debo decirle que no se trata ni de ti, ni de mi. Es sobre estrellas que se alinean, sobre cabellos perdidos en el viento, sobre moscas que se estrellan en vidrios de automóviles, sobre ondas invisibles que se pierden en el aire y llegan a mi. Sobre el sonido que hace mi boca al decirle: hola; sobre lo absurdo del sentir. Es quizá, sobre lo simple del rechazo y lo fortuito de los eventos.


El aire que respira, la marea que altera. Lo improbable que soy, lo irreal que es. La verdad y la mentira confluyendo en el parque del dolor. Infamias astutas escapándose en mi cabeza, la poderosa descarga de sentimientos que es verla a los ojos directamente, entregándole mi corazón en silencio, descubriendo mi estupidez cuando frunce el ceño.


Sobre una desconocida o sobre mi. Garantizo, juro y afirmo que es mucho más que éso.

jueves, 7 de abril de 2011

Transito calles atestadas, el retrato de mis otros yo.

¿Realmente quiero hacer esto por el resto de mi vida? Despertar en techos extraños, mirando fijamente las paredes sin color, sintiéndome desconocido en mí mismo. ¿Será así por siempre? Divagando inútil ante rostros extraños y nombres sencillos de olvidar, siendo quienquiera, pensando como cualquiera. 


Juntando palabras en un beso, sonriendo ante chistes sin gracia; obstáculo difícil de superar cuando eres un fantasma, cuando lo que dices en el fondo no tiene sentido, cuando mientes con la verdad. No me desespera el tiempo, por éso arranqué la pantalla de mi reloj, pero es inevitable sentir como se pasea por mi cuerpo, dejando marcas, escribiendo con sus garras sobre mi piel tostada. 


Transito calles atestadas, por donde el sol no puede colarse y las otras personas son como árboles que no me dejan ver la luz. Con mi mirada juego a ser pájaro que escapa enjaulado, que se impulsa sobre el cemento, el vidrio y el frío metal; sólo para aterrizar en tu hombro y pretender que escarbo tu mente y tus neuronas rellenas de sentimientos son mi comida. Nunca antes había estado tan extasiado con la idea de posarme sobre ti. 


Todos los días pretendiendo, todos los días asimilando, todos los días mimetizandome en el oscuro de tus ojos; a veces me canso, pero recuerdo que los sueños pueden tardar un poco en cumplirse y trato de tranquilizarme en el solo de bajo que tocas para mi. Estás ahí, donde están todos, siendo todas. 


Hoy más que nunca quiero ser estroboscópico, capturarte en medio de tus rápidos movimientos, como la fotografía de un sentimiento, como el dibujo de un asesinato, como la pintura de una prostituta. Que seas, que pienses, que te preguntes, si quieres jugar este juego conmigo por el resto de nuestras vidas.

domingo, 3 de abril de 2011

Esto es un título.

Domingo por la noche. Siento como si hubiese trascurrido mucho tiempo desde que le dije a mi mamá: Son las ocho P.M. Es tal vez porque mi vida corre a la velocidad que lo hace mi Internet; es triste, sin embargo no sé qué me complace menos, el que mi vida se condicione a lo digital o que mi red no vaya más rápido. 


Me siento como Gregorio Samsa, me preocupa más mi productividad que mi mera forma humana. Atrapado en Bits y en octetos, trato de convertir mi vida en ondas inalámbricas. Nunca escribí mucho, quizá porque siempre tengo poco que decir.  Porque siempre he estado enjaulado dentro del conocimiento auto actualizable. 


No entiendo cómo encerramos nuestra libertad en ciento cuarenta caracteres, o menos. Mis manos sobre el teclado me advierten que en la medida que presiono estas teclas, pedazos de mi se desprenden y pasan a alimentar mentes, odios, amores o pasiones. ¿Es acaso la vida que nos merecemos? 


Música simple que entra en mis oídos y sale por mis manos. En éso se ha convertido la inspiración para mi, en imágenes mentales que no puedo completar. Alcanzando mi límite, envenenado con luces parpadeantes, con sonidos fuertes, con sabores imaginarios y mentes vacías; ¿Por qué pretendo extasiarme con esto? 


Hace tiempo ya dejé de caminar, mis ojos siempre viajaban más rápido que mis piernas. Ha pasado tiempo desde que dejé de pensar, mi cerebro permanece estático, reflexivo mas no pensativo, incapaz de movilizar pensamientos. Saturado de basura. ¿Hace cuánto silenciamos los latidos de nuestros corazones con el retumbar de percusiones inexistentes? 


Yo aún recuerdo la época sagrada. Recuerdo la brisa, los árboles y los juegos; recuerdo la paz,  el amor y la rabia. Pero pese a que recuerdo claramente qué era el sentir y pensar por mi mismo. Aún no puedo recordar en qué momento le puse tamaño a mi libertad, en qué punto pensé que mi vida podía caber en un disco duro, o en un celular. 


Quizá algún día, cuando sea más sabio, cuando esté más saturado de cosas que nunca quise saber. Cuando mi tiempo libre se haya acabado, lo recuerde. Ése día abandonaré mi humanidad fría y llena de estática. Naceré una vez más, esta vez para siempre. 

miércoles, 30 de marzo de 2011

Hoy tengo ganas de escribir algo.

No tengo papel o lápiz. Sólo un marcador deleble y una pared blanca recién pintada. Mientras miro mi sombra pintarse en el muro pienso. Mientras mi puño sujeta el marcador, mientras más me acerco al muro con la punta en alto y mis nudillos tiemblan por la presión que ejerzo, pienso. 


No sé qué putas escribir. Tantas cosas se pasan por mi mente, cosas frívolas, cosas vacías, cosas con una vida. Con la cabeza en pegada en la pintura, con el sudor recorriendo mi frente, pienso en pixeles desnudos y en humos que se vuelven cenizas. Hay veces en las que algo quiere salir, pero no sé bien qué es. 


Colores, cientos de colores. Pero esta noche tenía que ser sepia, veo la luz que me arropa desde atrás, me da calor; me calcina cuando me apunta con su dedo indice a la nuca. ¿Por qué para estar bien debo ser frío? Miro el techo y veo como cada partícula de polvo se impregna en mi piel.  Cada una de ellas como kamikazes caen sobre mis hombros. Nunca antes las había sentido tan pesadas. 


Regalo sonrisas falsas todos los días. Carcajadas fingidas, palabras huecas; hoy tengo que pagar con la mirada al piso toda ésa hipocresía. ¿Desde cuando dejó de ser gratis? ¿Desde cuando una sonrisa que no sientes, una risa apenada, un saludo mecánico cobraron valor?  Tonos azules y aire pálido entran en mis oídos y pulmones. Aire que no quiere salir, tono que se volvió ritmo. Nada que se volvió vida.


Mirando lentamente. Acercándome rápidamente. Viviendo en un ritmo hipnótico e infinito; lo encuentro satisfactorio, lo encuentro aburrido, es motivo de regocijo, es la vida misma. Ni negra ni blanca, ni ella ni él, ni todo o nada. Sólo yo, un éso; que camina, respira, que suele pensar, que suele divagar. 


Hoy tengo ganas de no volver a escribir. 

jueves, 13 de enero de 2011

:olutíT

¿Alguna vez haz tenido la sensación de que lo que estás haciendo ya lo hiciste? No me refiero a el clásico déjà vu que uno tiene a las tres de la tarde de un domingo, hablo de algo más grande, me refiero a toda tu vida. A lo que haces en las mañanas, la salsa de tomate en el frasco de plástico, a el bollo de yuca que no te comiste. 


Pues yo no me siento así, pero imaginarlo me causa cierta curiosidad; la seguridad está muy poco valorada en esta época, hoy en día hasta un anuncio de jeans te invita a ser estúpido, a comerte un mundo que ni siquiera se puede entender ¿por qué? ¿Acaso sólo los estúpidos usan jeans ? La agresividad como táctica de venta se ha llevado por la borda la escasa sensación de firmeza que necesitamos los seres humanos para convivir. 


Extraño aquella época donde mi mamá no me dejaba subirme a la copa de los árboles porque tenía la certeza que su hijo caería desde el punto más alto, caí, como si Murphy me hubiese empujado él mismo. Hoy, doce años, cuatro puntos y un llanto inconsolable después. Me doy cuenta de que los afortunados por la probabilidad que seguramente no cayeron de ése árbol, quieren incitarme a abandonar mi zona de comodidad, a aventurarme a estrellarme, garantizando un éxito que ellos no puede prever. ¿Saben por qué? Porque ellos no conocen el futuro, yo tampoco. 


Estaré atento a la próxima vez que me vea seducido por un riesgo, trataré de sobrepasarlo por los bordes, y no es porque tenga miedo de lo que puede haber más allá, es que no soy  un marica. 

miércoles, 12 de enero de 2011

El título va al final.

Siempre me dijeron que el título va al final. que es importante escribir todos los días, una vez por semana o que por el amor a Dios escribiera un poco de vez en cuando. Todo éso imagino es por aquello de la práctica; se supone hace grande al hombre, lo vuelve perfecto, infalible. Yo no me siento infalible. 


Ahora por mi cabeza pasan las mil tonterías que escribí a los quince años, me parecen tan insulsas, ¿quién a los quince años decide que quiere hacer en la vida?, ¿quién a los quince años, le preocupa la vida? y no lo digo porque yo fuera una especie de Camus de la época, lo digo porque en verdad escribía todos los días sólo para aumentar mi larga colección de panfletos. Sólo para aumentar mi esperanza que toda ésa basura se transformaría en un reconocimiento. 


Ahora, que no soy un maestro de la escritura, que leo muchísimo más de lo que escribí y que pienso antes de teclear; puedo ver que me falta recorrido, muchísimo, en esto del arte de disparar palabras que el viento no puede llevarse. ¿Saben que extraño muchísimo de mis tiempos de practicante? que en ése entonces podía escribir lo mismo que pensaba en cuestión de segundos. Era interesante encontrarme escribiendo de una cosa y terminar abordando otra, en una especie de mapa mental, quizá éso me ayudó a comprender poco a poco que tengo muchísimo de que hablar y tan poco sobre qué escribir. 


En este punto considero que la práctica no nos hace grandes, ni mucho menos maestros. Estoy firmemente convencido que el que dijo éso no tenía ni la más mínima intensión de revelar cómo fue que hizo para hacerse bueno en algo. Ahora toda esta sociedad de consumo cree que está en un vídeo-juego en donde todo se soluciona con entrenamiento. Por alguna razón no seré un docto en escritura, por alguna razón tú fracasaste en aquello que practicaste mil veces, el volverlo a intentar (con o sin práctica) es una cuestión de fe.


Creo que por el simple hecho de estar aquí sentado escribiendo, soy un hombre de fe.