domingo, 3 de abril de 2011

Esto es un título.

Domingo por la noche. Siento como si hubiese trascurrido mucho tiempo desde que le dije a mi mamá: Son las ocho P.M. Es tal vez porque mi vida corre a la velocidad que lo hace mi Internet; es triste, sin embargo no sé qué me complace menos, el que mi vida se condicione a lo digital o que mi red no vaya más rápido. 


Me siento como Gregorio Samsa, me preocupa más mi productividad que mi mera forma humana. Atrapado en Bits y en octetos, trato de convertir mi vida en ondas inalámbricas. Nunca escribí mucho, quizá porque siempre tengo poco que decir.  Porque siempre he estado enjaulado dentro del conocimiento auto actualizable. 


No entiendo cómo encerramos nuestra libertad en ciento cuarenta caracteres, o menos. Mis manos sobre el teclado me advierten que en la medida que presiono estas teclas, pedazos de mi se desprenden y pasan a alimentar mentes, odios, amores o pasiones. ¿Es acaso la vida que nos merecemos? 


Música simple que entra en mis oídos y sale por mis manos. En éso se ha convertido la inspiración para mi, en imágenes mentales que no puedo completar. Alcanzando mi límite, envenenado con luces parpadeantes, con sonidos fuertes, con sabores imaginarios y mentes vacías; ¿Por qué pretendo extasiarme con esto? 


Hace tiempo ya dejé de caminar, mis ojos siempre viajaban más rápido que mis piernas. Ha pasado tiempo desde que dejé de pensar, mi cerebro permanece estático, reflexivo mas no pensativo, incapaz de movilizar pensamientos. Saturado de basura. ¿Hace cuánto silenciamos los latidos de nuestros corazones con el retumbar de percusiones inexistentes? 


Yo aún recuerdo la época sagrada. Recuerdo la brisa, los árboles y los juegos; recuerdo la paz,  el amor y la rabia. Pero pese a que recuerdo claramente qué era el sentir y pensar por mi mismo. Aún no puedo recordar en qué momento le puse tamaño a mi libertad, en qué punto pensé que mi vida podía caber en un disco duro, o en un celular. 


Quizá algún día, cuando sea más sabio, cuando esté más saturado de cosas que nunca quise saber. Cuando mi tiempo libre se haya acabado, lo recuerde. Ése día abandonaré mi humanidad fría y llena de estática. Naceré una vez más, esta vez para siempre.