Hay temas de los que uno no quiere hablar. Yo por ejemplo, nunca quiero hablar de religión, es quizá por el afán evangelizador de muchas personas. Mi segundo tema es la política, cada quien tiene una perspectiva diferente de cómo solucionar las cosas. Aparentemente esos temas ahondan tanto en la subjetividad de las personas que provocan discusiones candentes.
Hoy, quiero tocar uno de esos dos temas, bajo la advertencia de que es tan sólo mi opinión; que espero no herir susceptibilidades alborotadas y ansiosas de debate. Es quizá porque es el tema que está en la agenda de todos y a la vez de ninguno. Tema que se diluye día a día en la memoria de las personas del común, convertidas en datos estadísticos y objetivos publicitarios segmentados al azar. Les voy a hablar de política.
Empiezo diciéndoles que me referiré a la política local y que este tema me tiene hastiado. Muchas personas que tienen cierta relación con el ámbito académico han acuñado en repetidas oportunidades la frase: "Cartagena se merece algo mejor; un líder de verdad"; yo no lo creo así.
Más que por un afán apocalíptico propio de la juventud irreverente, como han catalogado mi opinión. Es porque Cartagena ha parido y formado sus líderes con su devenir. Si bien un líder, según la RAE, es una "persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora."; nuestra ciudad se ha esmerado por escoger a los peores, dejando que prime la politiquería, el clientelismo y en últimas el populismo.
¿Sabe usted cuántas veces Nicolás Curi fue alcalde de la ciudad? Si no es así, investigue, abra un buscador y cuando encuentre la cifra trate de concebir cómo un hombre que ha demostrado ser un líder de la peor calaña, pudo ser elegido un número tan abultado de ocasiones. Recuerdo cuando aún estaba en el colegio, unos hombres citaron a todos los estudiantes en el coliseo e hicieron una presentación sobre el "nuevo sistema de transporte masivo"; el cual para el año 2007, estaría listo el primer trayecto, alcancé a soñar con recorrer toda la ciudad en uno de esos buses azules que reposaban en la zona industrial de la ciudad. Hoy 4 años más tarde, sólo recorro las calles llenas de escombro y declives de la ciudad.
Vivimos en una ciudad donde se aprovechan de nuestras necesidades porque así lo permitimos. Los políticos, rodeados de personas que buscan vaciar sus bolsillos, reafirman su intención de vaciar las arcas de la ciudad. Perpetuando de esta manera un círculo vicioso, donde sólo aquellos auto-denominados astutos, sacrifican el dinero público que debería ser destinado para educación, desarrollo social y tantas cosas más.
Somos un pueblo que se queja taponando la única arteria vial del distrito, destruyendo las obras inconclusas de la ciudad; vandalismo, que se justifica por casi cualquier cosa; como un rumor, por ejemplo. Inclusive, hemos convertido la seguridad en cuestión de percepción, siendo el caso, yo percibo que ahora por rapar un morral de tu espalda te arrastran por las calles de la ciudad.
Campañas mal diseñadas, cimentadas en largos tirajes de afiches de mala calidad, pendones, jingles ruidosos en ritmos de vallenato o champeta; porque "es lo que le gusta a la gente". Nos hemos convertido en un pueblo que ya no pide el pan, sólo el circo. Me da lástima ver a mi ciudad empapelada, en medio de pancartas y pasacalles de desconocidos cuyas caras se asoman sólo en estas épocas; no reconozco a ninguno, nadie se me hace familiar, son desconocidos para mí. Algunos sólo prestan sus voces para anuncios radiales de un minuto de duración, algunos medios de comunicación los usan a ellos para generar tráfico en sus páginas web o aumentar su público.
Quizá hayan personas que quieran sacudirse de todo esto. Políticos que realmente busquen un cambio, pero ellos seguirán siendo invisibles, porque nosotros los desaparecemos. ¿Qué líder merece Cartagena cuando somos precisamente sus habitantes quienes reconocemos y celebramos esto? ¿Qué líder merece una ciudad que reclama casi cualquier cosa, menos la educación? Cartagena nunca se merecerá nada mientras no cambie su forma de concebir la política.
Yo, un invisible más, saturado de lo mismo siempre, te llamo a ti lector invisible; que compartes mi cansancio, que quieres algo mejor, que sabes que Cartagena es algo más que su cinturón de pobreza y la India Catalina, a la que cambian de pedestal y de sitio (como si a alguno de los jóvenes y niños de estratos bajos y medios, les enseñaran en el colegio quién es esa India de senos rígidos.); para que cambies tu mentalidad, que trates día a día, no sólo durante las campañas, de convertir a esta ciudad en el paraíso terrenal que se muestra en los folletos de turismo.