Siempre me dijeron que el título va al final. que es importante escribir todos los días, una vez por semana o que por el amor a Dios escribiera un poco de vez en cuando. Todo éso imagino es por aquello de la práctica; se supone hace grande al hombre, lo vuelve perfecto, infalible. Yo no me siento infalible.
Ahora por mi cabeza pasan las mil tonterías que escribí a los quince años, me parecen tan insulsas, ¿quién a los quince años decide que quiere hacer en la vida?, ¿quién a los quince años, le preocupa la vida? y no lo digo porque yo fuera una especie de Camus de la época, lo digo porque en verdad escribía todos los días sólo para aumentar mi larga colección de panfletos. Sólo para aumentar mi esperanza que toda ésa basura se transformaría en un reconocimiento.
Ahora, que no soy un maestro de la escritura, que leo muchísimo más de lo que escribí y que pienso antes de teclear; puedo ver que me falta recorrido, muchísimo, en esto del arte de disparar palabras que el viento no puede llevarse. ¿Saben que extraño muchísimo de mis tiempos de practicante? que en ése entonces podía escribir lo mismo que pensaba en cuestión de segundos. Era interesante encontrarme escribiendo de una cosa y terminar abordando otra, en una especie de mapa mental, quizá éso me ayudó a comprender poco a poco que tengo muchísimo de que hablar y tan poco sobre qué escribir.
En este punto considero que la práctica no nos hace grandes, ni mucho menos maestros. Estoy firmemente convencido que el que dijo éso no tenía ni la más mínima intensión de revelar cómo fue que hizo para hacerse bueno en algo. Ahora toda esta sociedad de consumo cree que está en un vídeo-juego en donde todo se soluciona con entrenamiento. Por alguna razón no seré un docto en escritura, por alguna razón tú fracasaste en aquello que practicaste mil veces, el volverlo a intentar (con o sin práctica) es una cuestión de fe.
Creo que por el simple hecho de estar aquí sentado escribiendo, soy un hombre de fe.