¿Alguna vez haz tenido la sensación de que lo que estás haciendo ya lo hiciste? No me refiero a el clásico déjà vu que uno tiene a las tres de la tarde de un domingo, hablo de algo más grande, me refiero a toda tu vida. A lo que haces en las mañanas, la salsa de tomate en el frasco de plástico, a el bollo de yuca que no te comiste.
Pues yo no me siento así, pero imaginarlo me causa cierta curiosidad; la seguridad está muy poco valorada en esta época, hoy en día hasta un anuncio de jeans te invita a ser estúpido, a comerte un mundo que ni siquiera se puede entender ¿por qué? ¿Acaso sólo los estúpidos usan jeans ? La agresividad como táctica de venta se ha llevado por la borda la escasa sensación de firmeza que necesitamos los seres humanos para convivir.
Extraño aquella época donde mi mamá no me dejaba subirme a la copa de los árboles porque tenía la certeza que su hijo caería desde el punto más alto, caí, como si Murphy me hubiese empujado él mismo. Hoy, doce años, cuatro puntos y un llanto inconsolable después. Me doy cuenta de que los afortunados por la probabilidad que seguramente no cayeron de ése árbol, quieren incitarme a abandonar mi zona de comodidad, a aventurarme a estrellarme, garantizando un éxito que ellos no puede prever. ¿Saben por qué? Porque ellos no conocen el futuro, yo tampoco.
Estaré atento a la próxima vez que me vea seducido por un riesgo, trataré de sobrepasarlo por los bordes, y no es porque tenga miedo de lo que puede haber más allá, es que no soy un marica.