¿Realmente quiero hacer esto por el resto de mi vida? Despertar en techos extraños, mirando fijamente las paredes sin color, sintiéndome desconocido en mí mismo. ¿Será así por siempre? Divagando inútil ante rostros extraños y nombres sencillos de olvidar, siendo quienquiera, pensando como cualquiera.
Juntando palabras en un beso, sonriendo ante chistes sin gracia; obstáculo difícil de superar cuando eres un fantasma, cuando lo que dices en el fondo no tiene sentido, cuando mientes con la verdad. No me desespera el tiempo, por éso arranqué la pantalla de mi reloj, pero es inevitable sentir como se pasea por mi cuerpo, dejando marcas, escribiendo con sus garras sobre mi piel tostada.
Transito calles atestadas, por donde el sol no puede colarse y las otras personas son como árboles que no me dejan ver la luz. Con mi mirada juego a ser pájaro que escapa enjaulado, que se impulsa sobre el cemento, el vidrio y el frío metal; sólo para aterrizar en tu hombro y pretender que escarbo tu mente y tus neuronas rellenas de sentimientos son mi comida. Nunca antes había estado tan extasiado con la idea de posarme sobre ti.
Todos los días pretendiendo, todos los días asimilando, todos los días mimetizandome en el oscuro de tus ojos; a veces me canso, pero recuerdo que los sueños pueden tardar un poco en cumplirse y trato de tranquilizarme en el solo de bajo que tocas para mi. Estás ahí, donde están todos, siendo todas.
Hoy más que nunca quiero ser estroboscópico, capturarte en medio de tus rápidos movimientos, como la fotografía de un sentimiento, como el dibujo de un asesinato, como la pintura de una prostituta. Que seas, que pienses, que te preguntes, si quieres jugar este juego conmigo por el resto de nuestras vidas.