Dime qué piensas, porque hoy tengo un escrito sin premisa. Quisiera saber qué pasa por tu mente, porque fulminaste mis pensamientos con los tuyos. Es que yo no puedo ver a través de ti como lo desearía, tú me atraviesas a mi. Al menos explícame con un dibujo hecho por tus dedos en mi piel, dame la luz que necesito para ser el lienzo que me haces querer ser.
Entrar a tu mente y sentir el latido de tu cerebro, que me incita a desearte en cada pulso. Sentirme dentro de ti como si fuera uno de tus sueños, vivir en alguno de ellos, quizá para siempre. Contigo nacer - vivir - morir son sinónimos, porque nunca me haz hecho sentir más vivo cuando caigo en cuenta de que muero por ti. Es quizá aún pronto para mi confesión, pero recuerda que a veces las mañanas tienen una espesa niebla que las recubre; que también ansío ver llegar la noche a tu lado. Confieso que la maduración de este sentimiento se da también en las madrugadas, cuando duermes.
No he podido imaginarte ni una sola vez, es por eso que te miro constantemente, procurando encadenar tu rostro a mi mente; desposar mi imaginación con tu realidad. Que corran juntas y hacer de lo existente una fantasía interminable. Encuentro tu voz en mis pensamientos, pero no la reconozco; como no puedo identificar intensión alguna en ti.
Eres como esos colores que aparecen sólo con los ojos cerrados después de mirar directamente al sol; sé de dónde provienes, pero no sé cuánto durará esta vez el efecto de tu presencia en mi interior. A pesar de ello, siempre te dejo flotar como una nube en mí, con la esperanza de condensarte y verter en mi corazón tu esencia; solidifcarte al rededor de mis aurículas y que tus sentimientos sean el escudo contra mis temores.
No saber qué sientes asusta; con un miedo placentero: imperceptible, pero sensible a ti.