miércoles, 31 de diciembre de 2014

2014: El año de las expectativas.

El año está a punto de llegar a su fin. Como fue usual durante todo 2014, cada segundo estamos más cerca del 2015; creo que es el momento de hacer un alto y hablar de todo lo que hizo al 2014 un buen año.

Gracias a Peter Thoeny por la foto. En Flickr


Podría empezar por lo obvio, en 2014 me aceptaron en la maestría; pero eso es algo que llevo celebrando desde marzo y de verdad siento que en este punto me encuentro parado en la delgada línea en donde la emoción de empezar culmina y se convierte en una cuestión de constancia y dedicación. No lo tomen a mal, amo lo que estoy haciendo y planeo continuar; es sólo la estación necesaria en donde uno aprende a diferenciar realmente lo importante de lo trivial. 

Si me pidieran definir lo que fue el 2014 para mí, diría que fue el año de las expectativas. El año que comprobó la teoría de que el éxito se debe al trabajo duro, a la capacidad de comprender que las cosas buenas sólo vendrán si se tiene una actitud positiva. El año en el que al fin empecé a cimentar un futuro diferente. Que contra todo pronóstico conseguí encontrar estabilidad en las cosas pequeñas -como escribir en mi blog por ejemplo-; aparentemente, me sucedió lo mismo de lo que hablan en la canción de Joy Division: "En la esquina de un cuarto sin ventanas encontré la verdad".

Espero, a diferencia de muchas personas, que el 2015 no me sorprenda; quiero que sea la reacción sucesiva a todas las acciones positivas que tomé este año, que cada pieza del engranaje que puse en marcha estos últimos doce meses funcione. Y descuiden, toda embarrada, todo error está contemplado para 2015, puesto que la vida lejos de ser perfecta está compuesta de mucho ensayo y error. 

Quiero hacer esta entrada muy sencilla, pero sentida, quiero que cada uno de los pocos lectores que tengo mire momentáneamente hacia atrás y piense en todas las cosas que hizo en 2014, todas las decisiones que tomó y cómo esas decisiones van a impactar su 2015, su 2020 y que antes de hacer una vacía promesa de fin de año comprendan que dentro de unas pocas horas estarán cada segundo más cerca de 2016 y que cada milésima cuenta cuando se trata de la felicidad propia y de quienes uno ama. Que por ello debemos hacer que cada instante cuente. 

Y nada, hoy salgan, diviértanse, pasen tiempo con los amigos y la familia. Cuando falte cinco para las doce vayan y abracen a su mamá; deseen con las uvas el poder abrazar esa mujer todos los días del año nuevo como si fuera un 31 de diciembre. 

Recuerden lo que les dije hace un año, cualquier cosa que hagan hoy lo van a hacer todo el año nuevo. Yo rompí mi horrible tradición de no bañarme por flojera, espero que ustedes puedan darle un vuelco a sus vicios, que no peleen con nadie y lo más importante sonrían, sonrían como si toda la vida dependiera de ello, porque es así. 

martes, 2 de diciembre de 2014

Jesús y el Pornochat

Gracias a Thomas Hawk por la foto. En Flickr.

Como ya saben estoy desempleado, por lo tanto en una constante búsqueda de trabajo, visito más páginas como computrabajo y el empleo que las páginas de noticias tecnológicas y redes sociales que acostumbraba cuando estaba empleado; esa constante caza de oportunidades laborales me ha llevado a encontrarme ofertas bastante extrañas.

Decidí para esta entrada contarles una de ellas; hace unos cuantos días encontré en uno de los sitios web que acabo de mencionar un anuncio que solicitaba community managers para trabajar en una compañía de publicidad digital aquí en Medellín, una rápida búsqueda en Google arrojó que la supuesta agencia que ofertaba el empleo no existía, o al menos no tenía presencia en dicho buscador (lo cual es ilógico, si se trata de una compañía de publicidad digital); a pesar de ello presenté mi perfil y decidí ofertar mis habilidades.

A las pocas horas recibí una llamada; era un representante de una organización de la cual nunca había oído, el objetivo de mi interlocutor era programar una entrevista, mientras anotaba la dirección me preguntaba cómo habían conseguido mi número, e  inclusive para qué cargo era la entrevista. La conversación fue tan efímera que no tuve oportunidad de preguntarle al hombre con quien hablaba de qué se trataba todo. Supe inmediatamente que tendría que ir a la entrevista para saber de qué se trataba todo.

Así que me preparé como de costumbre, es bastante obvio que para este punto tengo todo un ritual para asistir a entrevistas. Dicho ritual comienza la noche anterior decidiendo qué vestir -como dice mi mamá la primera impresión es lo que cuenta-, luego de unas cuantas horas de sueño y un baño con agua fría estaba listo para salir, tomé el metro que se dirigía hacia a mi lugar de destino y como era de esperarse me perdí.

La compañía está ubicada en un centro comercial en el centro, para llegar allí tuve que navegar por un río de personas y vendedores ambulantes; pude notar que Medellín es una ciudad particularmente silenciosa, me encontré extrañando el ruido particular que emite Cartagena todas las mañanas. Me detuve a preguntarle a un vendedor de buñuelos por la dirección que me habían suministrado, él me preguntó si tenía una entrevista allí a lo cual respondí afirmativamente, inmediatamente me dijo que muchas personas asistían allí por entrevistas pero que volvía a ver a muy pocas. Atribuí este hecho a un difícil proceso de selección o quizá una oferta salarial baja.

Finalmente llegué


Subí las escaleras del centro comercial y encontré la oficina de la que me hablaban, cuando arribé al sitio un hombre de unos 27 años me recibió y cuestionó el porqué de mi llegada tarde; argumenté que me resulta difícil buscar direcciones con nomenclatura cuando estoy acostumbrado a que se me guíe con puntos de referencia como "ve a la izquierda en el palo e' mango" o "en frente a la chaza de doña Eliza". 

Aquel hombre me solicitó que me sentara con un grupo de jóvenes en una sala con varios computadores, era bastante similar a un café Internet. Todos los aparatos eran del mismo modelo y a simple vista se notaba que no estaban hechos para labores relacionadas con el diseño gráfico o producción audiovisual. En dicha sala se proyectaba un vídeo que destacaba las palabras sinergia, ventas, community management, responsabilidad; concluía con la siguiente frase: El futuro está aquí, con nosotros" y mostraba el logotipo de otra compañía, una que no era a la que ofertaba el empleo, y mucho menos en la cual estaba en ese momento.

La misma persona que abrió la puerta prosiguió con una presentación en PowerPoint en la que dejaba claro que eran una compañía dedicada los servicios de atención al cliente para sitios web que tenían que ver -directa o indirectamente- con la industria de entretenimiento para adultos. Tan pronto como se mencionaron esas palabras, una de las personas dejó la sala; yo decidí quedarme y ver adónde iba a parar todo.

El trabajo era bastante simple, se trataba de brindar servicio al cliente a las personas que tuvieran algún inconveniente con la plataforma, con el pago de los servicios o introduciendo su tarjeta de crédito para acceder a ver los espectáculos "en vivo" que ofertan dichos sitios. La contratación se hacia bajo la figura de prestación de servicios y había un sueldo base con oportunidades de ganar comisiones por cada nuevo cliente de la página.

Habiendo dejado claro lo anterior, procedieron a hacer pruebas de mecanografía y conocimientos sobre Internet; eran pruebas sencillas que buscaban identificar la velocidad con la que el individuo escribe en un QWERTY, mientras que las de conocimiento solicitaban nombrar páginas web, descargar imágenes de Google o pegarlas en un editor HTML. Personas a mi izquierda y derecha no lograban cumplir con todos los requerimientos, ponían caras de desesperación, parecía que la prueba de ellos estaba en un idioma que nadie nunca les habló.

Al concluir el encargado me dijo que estaba contratado. Sin mediar palabras, me indicó que debía volver dos días después con un lapicero y ganas de aprender.

Jamás volví.