La noche era un vídeo-casete sin etiqueta, un cigarrillo sin filtro, una nube sin color. Placentero fue encontrarte sumisa en tus ideas de plástico, ahogada en pensamientos contradictorios, inconexa de la realidad; enclaustrada en el tímido marco izquierdo de tu franqueza. No negaré, estuve tentado a prenderle fuego a tus muslos de papel, pero me ahuyentó el frío de tus ojos perdidos en el horizonte. Estuve allí, reproduciendo una y otra vez aquél vídeo, fumando esos cigarrillos sin filtro, sintiendo sobre mi piel el aire; viviendo esa noche.
Cada palabra era un trago de whisky más, puro y que iba directo a las venas. En medio de parpadeos encontré aquella sensación placentera que no encontré en tus papilas; alejándome de ti por una milésima, abrazando mis pensamientos en completa calma, rodeado por el sonido de la naturaleza sobreviviendo. No necesité más de dos letras en cada palabra, ni de grandes gestos aparte de una mirada, para saber que tú estabas allí pero mi mente no.
Fuiste una búsqueda tortuosa de lo que alguna vez fui, tratabas de hallar vestigios de una humanidad que ya no existe; puesto que algo en mí hizo metástasis y me convirtió en este residuo. Movías constantemente tus brazos, eras un ave que me vigilaba desde allí, que con sus alas trataba de decirme algo que su pico no podía proferir. Delicadamente aquellas tonalidades anaranjadas se transformaron en colores de la noche, apasionantes matices que se confundían con los brillos de tu sonrisa.
La metalizada coraza de tu alma cedía poco a poco mientras entregabas tu espíritu, en cada lágrima se hallaba un océano, en cada balbuceo todas las palabras, desnudando así tu ser sin que te lo pidiese; guiándome a través de mi letargo con el rojo de tu nariz llena de mucosidad. Aquella conversación es tan impredecible como imposible de describir.
Los altos y bajos de esa charla sólo los guardaremos tú y yo, en la mitad de nuestros recuerdos, serán memorias que no podremos definir como buenas o malas, sino fragmentos de la vida misma enterrados en nosotros. Aunque debo confesarte pasé la mayor parte del tiempo como pasaré mi vida de ahora en adelante, imaginando cómo recordaré ese momento. Supondré siempre este es un buen comienzo para el resto de mis días.